sábado, 18 de febrero de 2012

El espejo


Cuantas veces me he mirado en el espejo
y me he enamorado del reflejo que me daba.
Ególatra, podréis nombrarme si queréis,
pues sin amor a uno mismo, nadie es nada.

Es verdad que si al mirarte no te ves,
profundizas en la imagen reflejada
y contribuyes en un pérfido viaje,
a que se sienta con engaños alagada.

¡Ególatra, sí!  Pues lo bello me desdobla;
y no está mal sentir en el reflejo
la vida, la sonrisa, la mirada, la satisfacción
de una bella imagen reflejada.

Pero como cambia si el reflejo te devuelve,
guerra, angustia, hambre, muerte, nada…
¿Cómo arreglas esa imagen?
¿Con qué ungüento la disfrazas?

Muchos con oro tapan el reflejo;
otros lo tapan con cruces talladas;
hay quién se clava puñales
de polvo blanco, que ciegan el alma.

Nadie acepta cambiar, todo por nada.
Llevo ya algún tiempo, que no veo bien
la hermosura de mi cara,
en el espejo que llevo con migo
en el espejo que me ha abierto la mirada.





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